La dolorosa búsqueda de la autoaceptación

December 12, 2017

Wagner Silveira Santos

Wagner Silveira Santos

Mi nombre es Wagner Silveira Santos, tengo 29 años y soy miembro de la Iglesia mormona hace 10 años, vivo en Vitória da Conquista en Bahía.

Antes de convertirme en miembro de la Iglesia, ya había tenido algunas relaciones con hombres, pero todavía estaba en la fase de negación, no me aceptaba como yo era, como yo me sentía, entonces vivía en un conflicto constante conmigo mismo. Y ya tenía en mente en cambiar, dejar de hacer las cosas que para mí eran incorrectas. Entonces conocí a los misioneros, recibí las charlas. Como yo quería deseaba del fondo de mi corazón hacer un cambio en mi vida entonces me agarré con uñas y dientes al evangelio, leí el libro oré y realmente obtuve la tan esperada respuesta sobre el Libro de Mormón.

Pero no fue nada fácil para los misioneros, bautizarme fue un agobio, pues venía de una educación religiosa rígida, nací y crecí en un hogar evangélico y eso creó mucha confusión en mi mente.

Mi familia no quería que me bautizara, pues decían que la Iglesia mormona era una secta. Pero decidí bautizarme al fin de cuentas yo buscaba un cambio en mi vida, ansiaba por eso, había orado, obtuve la respuesta entonces hice lo que mi corazón me decía y entonces me bauticé.

Por algún motivo, decidí no decir a los misioneros en la entrevista para el bautismo que tuve relaciones homosexuales. No me sentía mal por eso, no me sentía un pecador, por el contrario la sensación después del bautismo fue maravillosa, una experiencia increíble, única en mi vida.

En aquel momento sabía que lo que estaba haciendo era lo correcto. Lo más increíble era que yo no sentía, no sentía atracción por hombres, pensé: «Dios mío estoy curado, estoy libre», me sentía limpio puro sin pecados.

Pero como no todo es un mar de rosas en nuestras vidas…

Todo empezó a cambiar cuando decidí mandar los papeles para poder ir a la misión. Me sentía preparado, me sentía listo, pues me sentía otra persona, no era como antes, pues me estaba controlando.

No fue de inmediato, pero aquella alegría que sentía, fue cambiando poco a poco y nuevamente me vi pensando en hombres.

Como es costumbre, todo muchacho o muchacha quiere que vaya a la misión, necesita pasar una entrevista, primero con su obispo. Entonces pasé por la entrevista con mi obispo en la época y todo iba bien, pero una de las preguntas era si yo ya había tenido relación homosexual, y yo dije ¡no! Pero me sentí mal con aquello quería decir la verdad, pues quería ir a la misión y deseaba ir limpio puro sin nada con lo que me preocupara.

Entonces en una segunda entrevista resolví hablar, y el obispo me preguntó si había mucho tiempo en que tuve relación con hombres. Yo dije sí, mucho antes de bautizar, entonces él dijo: «Wagner no vas a la misión».
Esto para mí fue un choque tremendo, y todo se volvió una tempestad, pues pasé por otra entrevista, por donde pasé peor un período probatorio, donde no podría en este período tomar el sacramento y hacer algunas cosas más en la Iglesia, pero aún así me mantuve en la Iglesia firme y fuerte.

Pero todo había cambiado dentro de la Iglesia, la gente ya me miraba diferente, como si yo hubiera hecho algo malo. Fui acusado hasta de ser pedófilo, lo que para mí fue como un puñal en el corazón, porque siempre amé a los niños, incluso ayudaba a algunos miembros del barrio, a cuidar a sus hijos. Me sentí muy triste porque tenía mucho amor por esta familia.

Este episodio nunca salió de mi mente, esto marcó mi vida, pues nunca había sufrido semejante prejuicio.

Me alejé de la Iglesia después de eso, me quedé alejado por dos años hasta que volví de nuevo a la Iglesia. Los miembros me convencieron de volver allí y así fue. Pero allí yo tenía todavía el conflicto existencial en mi vida la lucha contra mi homosexualidad. Luchaba constantemente para mantenerme firme. Pasé de nuevo por un consejo disciplinario, fui suspendido de la Iglesia por casi un año, pero todavía quería hacer un cambio de nuevo, no me di por vencido, quería ganar esta pelea, vencer en esta batalla. Fui readmitido, recibí un llamamiento, fui presidente de la escuela dominical, di clases en seminario e instituto, y en la primaria. Y en ese tiempo, una vez más intenté mandar mis papeles a la misión, pues me sentía una vez más preparado para poder hacer una misión de tiempo completo.

Pero una vez más todo se fue cuesta abajo. Pasé por la entrevista con mi obispo y todo estaba bien. Después tuve la entrevista con el presidente de estaca, él habló que iba a enviar los papeles, me sentí muy feliz, pues pensé que había llegado el momento tan esperado para servir como misionero.

El presidente de estaca me llamó para una segunda entrevista y me dijo que sería mejor para mí servir en la Iglesia misma, pues él había orado y sintió que no debía mandar mi solicitud.

Una vez más me decepcioné con todo, pues estaba buscando hacer las cosas correctas, preparándome para este momento tan especial que era hacer una misión, pero después de esta conversación con el presidente de la estaca me sentí solo y a la deriva. Me alejé una vez más de la Iglesia, tiempo después volví porque siempre sentí amor por el evangelio, volví a tener llamamientos en la Iglesia.

Pero este regreso no fue como los demás, me sentía vacío, solo, sin apoyo, a veces me sentía deprimido y con pensamientos suicidas. Todo eso me llevó a una conclusión, después de buscar a un profesional que pudiera ayudarme, fue cuando pude entenderme y aceptarme tal como soy.

Hoy soy una persona que no se cuestiona, mi madre me apoya, ya no asisto regularmente a la Iglesia y vivo mi vida.

Hoy quiero poder ayudar a aquellos que se sienten como yo, con el prejuicio tan cercano y no tienen un apoyo para ser auténticos en esta vida.

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